El Espíritu de Desánimo
“Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día… Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón… Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor… Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, y en cuya boca no hay reprensiones“ (Salmos 38:6-14).
Al leer este salmo, imaginé a David sumido en la desesperación. Quizás lo que más le preocupaba era que no podía entender por qué de repente se sentía tan abatido. Este hombre anhelaba al Señor, desahogando su corazón a diario en oración. Reverenciaba a Dios y escribía salmos que ensalzaban su gloria. Ahora, en su estado de depresión, solo podía exclamar: “Señor, estoy al límite de mis fuerzas y no tengo ni idea de por qué me pasa esto”.
Como muchos cristianos desanimados, David intentaba comprender por qué se sentía tan vacío y quebrantado de espíritu. Probablemente revivía cada fracaso, pecado y acto necio de su vida y pensaba: “Oh, Señor, ¿acaso todas mis imprudencias me han dejado tan herido que ya no tengo remedio?”.
Finalmente, David razonó que Dios debía estar castigándolo. Él clamó: ”Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira” (Salmos 38:1).
Cabe señalar que David no solo habla de su propia condición en este salmo. Él describe algo que todos los devotos amantes de Jesús enfrentan en algún momento de su vida: Estar bajo el ataque de un espíritu de desánimo que los atormenta, que viene directamente de las entrañas del infierno. Ningún cristiano se lo busca, ni el Señor lo envía, y tal ataque generalmente no tiene nada que ver con ningún pecado o falla específica del creyente.
En pocas palabras, el espíritu de desánimo es el arma más poderosa de Satanás contra los elegidos de Dios. Con frecuencia, lo usa para intentar convencernos de que hemos atraído la ira de Dios sobre nosotros al no estar a la altura de sus santos estándares. Con esto en mente, el apóstol Pablo nos insta a no caer en la trampa del diablo: ”Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11).