El Cántico de Victoria

David Wilkerson

Los hijos de Israel se encontraban en una situación desesperada. El Mar Rojo estaba frente a ellos; las montañas a ambos lados; y el Faraón y sus carros de hierro los atacaban por la retaguardia.

El pueblo de Dios parecía estar atrapado sin esperanzar, como presa fácil a la espera de ser abatido. Créanlo o no, Dios los había conducido a propósito a esta situación precaria.

Era un tiempo de pánico en el campamento de Israel. Los hombres temblaban de miedo, y las mujeres y los niños lloraban apiñados alrededor de sus abuelos y otros familiares. De pronto, Moisés fue asediado por una multitud de líderes de familia furiosos que gritaron: “¡Seguro que este es el fin! ¿No había suficientes tumbas en Egipto para enterrarnos allí? ¿Tuvieron que arrastrarnos hasta aquí para morir? En Egipto les dijimos que nos dejaran en paz. ¡Era mejor ser esclavos allí que morir en este miserable desierto!” (ver Éxodo 14:10-12).

Me pregunto si incluso Moisés tuvo un momento de nerviosismo por la situación; sin embargo, cuando este hombre de Dios lloró, el Señor parece haberlo reprendido: “¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15).

Nadie en Israel podría haber imaginado la gran liberación que Dios estaba a punto de traer. Repentinamente, los vientos abrieron el mar, y el pueblo caminó sobre las aguas abiertas, en seco. Cuando el Faraón y su poderoso ejército intentaron seguirlos, las aguas volvieron a rugir, cerrándose y ahogándolos a todos.

¡Qué espectáculo debió haber sido! El pueblo de Dios miró hacia atrás desde el otro lado y vio a su poderoso enemigo destruido como soldaditos de plomo. Un cántico resonó en el campamento al comprender, una vez más, que Dios los había librado de circunstancias imposibles.

Las Escrituras registran su reacción y el cántico que cantaron. “Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré” (Éxodo 15:1-2).

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