El Amor Va la Milla Extra
Algunos cristianos piensan que hacer la paz significa evitar el conflicto, pero hacer eso solo conduce a una mayor división, contienda y desorden. ¿Cuándo fue la última vez que evitaste una confrontación necesaria con alguien? ¿Terminaste siendo pasivo-agresivo con esa persona y retirándole tu amabilidad?
Jesús nos da instrucciones específicas sobre cómo lidiar con el conflicto: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15). La instrucción de Jesús aquí está llena de sabiduría. Confrontar a una persona en privado preserva su dignidad frente a su pecado. También permite que la verdad brille su luz sobre el pecado.
Sin embargo, confrontar a alguien de esta manera no es una solución de una sola vez. ¿Por qué? Primero, puede que no funcione, como señala Jesús. “Mas si no te oyere...” (Mateo 18:16). Además, este no es un mandato de una sola acción tras la cual podamos alejarnos y decir: “Bueno, hice lo que Jesús dijo. Eso es todo. Ya no tendré que lidiar con este tipo”. Según Jesús, tenemos más por hacer porque el amor va la milla extra. “Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra” (Mateo 18:16).
Pero no termina ahí. El amor sigue adelante: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:17). Esta última frase suena como un rechazo final, pero eso no es exacto. Nuestras acciones están destinadas a reflejar el comportamiento del pecador para que pueda arrepentirse y disfrutar de la comunión nuevamente.
Esta secuencia de acciones nos enseña hasta dónde extiende Dios su gracia y el costo para nosotros como agentes de esa gracia. El corazón de Dios siempre es traer a la oveja perdida de regreso al redil. ¿Hasta dónde se extiende esta gracia? Como Jesús le dijo a Pedro, debemos perdonar a nuestro hermano que peca “hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22), lo que significa tantas veces como sea necesario.
Una vez más, esto requiere un tipo de amor de dar la vida en la cruz. Es un amor que dice: “Todavía estoy aquí para ti. No me voy a ninguna parte”. Este amor requiere un caminar lleno del Espíritu porque nuestra carne simplemente no es capaz de ello.