Descansa en Él
Bajo presión, la mayoría de nosotros ensayamos nuestra necesidad una y otra vez: “Si tan solo tuviera esto... Si tan solo pudiera trabajar en esa debilidad...” Sin embargo, Jesús nos dice que no nos fijemos en nuestra necesidad sino más bien en nuestro proveedor.
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:25-27).
En el Antiguo Testamento, cuando las cosas parecían imposibles para el rey Asa, se obsesionó con su proveedor, no con su problema. Cuando el reino se vio rodeado por un enemigo enorme sin esperanza a la vista, Asa oró: “Señor, no sé qué hacer, pero mis ojos están puestos en ti” (ver 2 Crónicas 14:9-12).
Jesús nos muestra que debemos dar gracias en medio de nuestra situación. Frente a las multitudes hambrientas con tan solo un puñado de peces y panes, Jesús dio gracias a Dios. “Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados…” (Juan 6:11).
Jesús dio gracias al Padre incluso antes de que la necesidad fuera satisfecha, y se produjo un milagro. “Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” (Juan 6:12-14).
Tu situación no depende de tus recursos; depende de los de Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Quizás hayas llorado desconsoladamente por tu necesidad. Ahora es momento de recordar la bondad de Dios. Es momento de dejar de preocuparte y, en cambio, darle gracias. Es momento de recurrir a la fuerza de tu familia de fe cuando no tengas fuerzas. Ten la seguridad de que tu Dios está a punto de manifestarse en tu vida. ¡Créelo y encuentra descanso en él!