Convencido y con Convicción de Pecado
La ley no nos salva, pero somos convencidos y tenemos convicción de nuestro pecado por ella. “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).
La ley fue enviada “para que toda boca se calle y todo el mundo quede culpable ante Dios” (Romanos 3:19). “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24).
“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso”. (Romanos 7:12-13)
Pablo decía: “Yo no pude confesar realmente mis pecados hasta que supe que eran pecados. No pude buscar la santidad de Dios hasta que vi lo lejos que estaba de él. La ley me impactó profundamente, destruyendo mi indiferencia ante el pecado. Cuando vi la santidad de Dios en sus mandamientos, el pecado se volvió completamente pecaminoso para mí”.
Esa es la convicción que te lleva directo a los brazos de Cristo, clamando: "¡Misericordia, Señor! Yo no puedo salvarme, no puedo cumplir tu ley. ¡He visto el pecado de mi corazón!"
La fe se ha definido como la huida de un pecador convicto y arrepentido hacia la misericordia de Dios en Cristo Jesús. Solo quien ha sido convencido de sus pecados por la ley de Dios acudirá a Cristo en busca de refugio.
En el día de Pentecostés, Pedro se puso de pie y ofreció a la multitud el evangelio de la gracia de Dios. Antes de eso, sin embargo, los sometió a la luz resplandeciente de la ley. Señaló con el dedo y dijo: “Por manos de inicuos, habéis prendido, crucificado y dado muerte” (Hechos 2:23). El pueblo se compungió de corazón, tan profundamente convencido por la palabra de Dios, que exclamó: “¿Qué haremos?” (ver Hechos 2:37).
Adán recibió el evangelio de la gracia después de que se le abrieron los ojos (ver Génesis 3:7). ¡Solo después de ver su lamentable condición y las consecuencias de su pecado, Dios le trajo el mensaje de misericordia y esperanza!