Confiando en una Falsa Paz
Estados Unidos hoy está bajo el poder seductor de una mentira satánica. Antes de decir nada más, quiero que sepan que lo que digo aquí no tiene nada que ver con la política, sino con la verdad espiritual. Lo cierto es que los líderes de nuestra nación han desechado por completo la Palabra de Dios, sin mostrar respeto alguno por la verdad bíblica. Ahora el Señor ha permitido que un engaño caiga sobre nosotros.
La mentira demoníaca que hoy en día envuelve a Estados Unidos es una falsa paz. Es la idea de que podemos hacer lo que queramos sin temor a las consecuencias. Ya hemos cruzado la línea en este engaño, y ahora el juicio es inevitable.
Pablo expuso este juicio divino en el primer capítulo de Romanos. Escribió sobre quienes intentaron retener la verdad con injusticia. En resumen, deseaban la Palabra de Dios y sus lujurias al mismo tiempo, por lo que el Señor los entregó a mentes reprobadas. Querían creer una mentira, y él les envió un poder engañoso.0
Esta es la situación actual de nuestra nación. En mi época, un expresidente le dijo a todo el país: “No cometí este pecado”, pero luego fue expuesto por cometer el mismo acto que él mismo mencionó. He oído que muchos estadounidenses han ignorado tanto su pecado como sus mentiras, diciendo que nada de eso importa. Como se profetizó, la verdad ha caído en las calles.
Constantemente escuchamos mentiras, encubrimientos y manipulaciones desde la capital de nuestra nación. Sin embargo, el poder engañoso de Satanás va mucho más allá de esas traiciones y depravación. Su gran mentira es un derramamiento del infierno contra el pueblo de Dios.
Pablo advirtió: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas [mentiras]” (2 Timoteo 4:3-4).
¿Quiénes son estas masas engañadas de las que habla Pablo? ¡Son cristianos engañados! Él escribió esta carta a la iglesia de Tesalónica, dirigida a los creyentes renacidos. Estas personas se habían asentado en la enseñanza bíblica y conocían la verdad de Dios, pero se aferraban a sus lujurias y buscaban herejías que los consolaran en sus pecados.
Que no nos suceda esto, querido creyente. Vuélvete a Cristo y presta oído a su voz, y solo a la suya.