Alcanzando Naciones para Cristo
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Estoy asombrado y perplejo ante la cantidad de ministros, tanto jóvenes como mayores, que recorren el mundo buscando estrategias para producir crecimiento en sus iglesias. Hoy en día, muchos predicadores asisten a seminarios, convenciones y “laboratorios de ideas” donde jóvenes profesionales del ministerio usan gráficos y encuestas para mostrarles cómo construir iglesias más grandes. Otros ministros acuden en masa a “avivamientos”, esperando aprender nuevos métodos para que el Espíritu Santo descienda sobre sus congregaciones.
En este momento, las sociedades misioneras están enviando más obreros que nunca antes. Su grito de batalla se ha convertido en: “¡Tenemos que enviar más trabajadores al campo misionero! Se necesitan más hombres y mujeres capacitados para ganar las naciones para Cristo”.
Demasiados misioneros enviados regresan a casa en pocos años. Han sido abatidos, desanimados y golpeados por fuerzas demoníacas en esas naciones extranjeras. ¿Por qué? Porque sus vidas no coincidían con el evangelio que predicaban; nunca desarrollaron un conocimiento personal del señorío de Cristo ni de la plenitud del Espíritu Santo.
Amados, se necesita más que nuevas ideas o estrategias para alcanzar naciones para Cristo. ¡Todos nuestros planes son en vano si Jesús no está entronado en cada área de nuestras vidas!
Nunca en la historia ha habido una irrupción tan desenfrenada de espíritus demoníacos brotando desde las profundidades del infierno. La maldad se está extendiendo por la tierra, con nación levantándose contra nación. Dios nunca es tomado por sorpresa por nada de lo que sucede en nuestro mundo. Entonces, ¿cuál es su respuesta en este tiempo de confusión y depravación? ¿Qué propone como antídoto contra la apostasía y el creciente poder demoníaco?
Su respuesta es la misma que siempre ha sido: manifestar la victoria de Cristo de una manera renovada. Dios siempre ha respondido levantando un remanente fresco de hombres y mujeres que sean un testimonio puro de su poder salvador y santificador, y lo mismo es cierto hoy. ¡Su plan es traer a escena un cuerpo de hombres y mujeres apartados, llenos de Cristo, que vivan en total sumisión a su gobierno y señorío!