Agarrándonos del Pecado Secreto
Tres características distintivas de la doctrina de Jezabel se encontraban en la Jezabel del Antiguo Testamento, madre y personificación de las falsas doctrinas. Jesús hizo de su nombre sinónimo de falsa doctrina, cualquier enseñanza de que algo malo puede ser bueno, de que lo profano puede ser puro.
En hebreo, Jezabel significa “casta, virtuosa, sin idolatría”. ¡Imagínate! La mujer más impía, idólatra, intrigante y odiosa de toda la Biblia fue llamada virtuosa, sin pecado. Algo muy malo fue llamado bueno e, irónicamente, incluso casto.
“Acab, hijo de Omri, hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que le reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró” (1 Reyes 16:30-31). Acab significa “alguien con la marca de su padre”. Jezabel representa la falsa doctrina, y Acab es su víctima. La Biblia afirma que no bastaba con que Acab tuviera un corazón inclinado al pecado, la idolatría y la transigencia. Él trae a su vida una influencia satánica que lo confirmará en su pecado. “A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba” (1 Reyes 21:25).
El mensaje es que la tendencia de los cristianos que se aferran al pecado y la lujuria en secreto es abrazar y casarse con una falsa doctrina que solo los emocionará y los confirmará en sus pecados. Lo último que Acab necesitaba era una Jezabel. Ella sacó lo peor de él, lo magnificó y lo destruyó. Lo mismo ocurre con la falsa doctrina. Si hay pecado, lujuria o mundanalidad en ti, lo último que necesitas es una doctrina que saque lo peor de ti.
Tenemos toda una generación de jóvenes confundidos que ni siquiera pueden reconocer el mal cuando lo ven. Los falsos profetas los han engañado. Se les ha dicho que el sexo fuera del matrimonio es bueno siempre que se esté enamorado y se respete verdaderamente a la otra persona. Los falsos profetas se han convertido en defensores del pecado.
Por otro lado, quienes predican la doctrina de Cristo muestran a la gente la diferencia entre el mal y el bien. No hay mezcla en sus labios. “Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio” (Ezequiel 44:23).