CONTEMPLAREMOS A JESÚS

David Wilkerson (1931-2011)

¡Cielo! La promesa del cielo está en el núcleo mismo del evangelio, sin embargo, no oímos mucho sobre este gozoso tema en estos días. De hecho, la Biblia no dice mucho sobre cómo es el cielo. Jesús no se sentó con los discípulos a explicarles la gloria y majestad del cielo. Él sí le dijo al ladrón en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, pero no lo describió (Lucas 23:43).

En 2 Corintios 12:1-6, el apóstol Pablo se refiere al cielo cuando habla acerca de ser llevado al Paraíso. Dice que vio y oyó cosas allí que le asombraron tanto que no tenía un lenguaje para describirlas. Aunque estaba agradecido por su vida y su llamado, a lo largo de sus años de ministerio, su deseo continuo era ir a casa y estar con el Señor. Él habló con elocuencia sobre su anhelo por el cielo cuando escribió: “Confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8).

Sabemos que el trono de Dios está en el cielo y que Jesús está allí con los ángeles en cantidades innumerables. Pablo dice que una vez que estemos allí, veremos a Jesús "cara a cara" (1 Corintios 13:12). Vamos a tener acceso inmediato y personal al Señor por toda la eternidad y tan sólo ese hecho debería hacer que nuestros corazones se regocijen. Jesús ha ido a preparar un hogar para que nosotros vivamos con él para siempre (ver Juan 14:3).

No vamos a estar relajándonos y “teniendo iglesia” todo el tiempo en el cielo. La Biblia nos dice que regiremos con el Señor como “reyes y sacerdotes para nuestro Dios” (Apocalipsis 5:10). Además, recibiremos emocionantes tareas en este nuevo mundo y actuaremos como sus sirvientes (ver Apocalipsis 22:3). No habrá lágrimas en el cielo: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos” (21:4). Sin lamento, sin dolor, sin muerte, sin miedo.

Amado, haz del cielo tu deseo más ferviente. ¡Jesús viene por aquellos que anhelan estar allí con él!