ÉL ES PACIENTE

David Wilkerson

Por otra parte, Pedro nos dice que existe una razón por la cual Jesús aún no ha regresado. El escribe: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El Señor es abundante en paciencia hacia los impíos.

Personalmente, me sorprende la paciencia que Dios tiene para con nosotros en esta generación. La caída moral es lamentable inclusive para los observadores seculares. Incluso si tratas de mantener una consciencia limpia, tu mente está saturada con los reportes de las cosas malas que suceden diariamente. Algunas cosas son tan viles que llegan a ser incomprensibles: asesinatos en las escuelas, abuso infantil, movimiento homosexual activista y atrocidades indecibles.

A menudo nuestros corazones claman: “Señor, ¿Cuándo se hará justicia? ¿Cuándo harás juicio contra los malhechores?” Nos preguntamos porqué Dios espera tanto tiempo para tratar con la indecible maldad tan desenfrenada de hoy en día. Nos imaginamos la escena en donde los malhechores finalmente se arrodillan ante el Señor, ante su santidad.

Pero Pedro dice que Jesús no se está centrando en el juicio en este momento, ni siquiera para el peor de los pecadores. En lugar de eso, nuestro Señor se preocupa de la misericordia. Él es paciente hasta para con el peor de los malhechores. Y está a la espera de mostrar su misericordia a todo pecador impenitente, buscándolos y atrayéndolos.

“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.” (3:11-14, cursivas añadidas)

Podemos pasar nuestros días preocupándonos por las señales de los tiempos, en el Oriente Medio o en otros lugares, pero Dios dice: “Mira tu propio corazón. Asegúrate de ser diligente en guardar mi Palabra.” Pablo añade: “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). Él entonces nos advierte que no debemos juzgar a otros, debemos ser cuidadosos de no volvernos una piedra de tropiezo para nuestro hermano y provocarle una caída.