Caminando con Él

David Wilkerson (1931-2011)

“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte” (Hebreos 11:5).

Esta es una verdad increíble, casi más allá de nuestra comprensión. Toda la fe de Enoc estaba centrada en el gran anhelo de su corazón: estar con el Señor. Enoc ya no podía soportar permanecer detrás del velo. Él tenía que ver al Señor, así que Dios se lo llevó en respuesta a su fe.

Nuestro hermano Enoc no tenía Biblia, ni himnario, ni maestro, ni al Espíritu Santo morando en él, ni un velo rasgado que le diera acceso al Lugar Santísimo. ¡Pero conocía a Dios!

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). ¿Cómo sabemos que Enoc creía que Dios recompensa a quienes le buscan? Porque esa es la única fe que agrada a Dios, y sabemos que Enoc le agradó. Dios es un galardonador; es decir, recompensa abundantemente la fidelidad.

¿Cómo recompensa el Señor a quienes le buscan diligentemente? Hay tres recompensas importantes que provienen de creer en Dios y caminar con él por fe:

  1. La primera recompensa es que Dios toma el control de nuestra vida. La persona que descuida al Señor pronto pierde el control, mientras el diablo gana terreno y toma dominio. Si tan solo se enamorara de Jesús, caminando y hablando con él, Dios pronto le mostraría que Satanás no tiene verdadero dominio sobre su vida, y permitiría que Cristo la gobernara.
  2. La segunda recompensa que viene por la fe es tener “luz pura”. Cuando caminamos con el Señor, somos recompensados con luz, dirección, discernimiento, revelación y una certeza interior que Dios nos concede.
  3. La tercera recompensa que acompaña una vida de fe es la protección contra todos nuestros enemigos. “Ninguna arma forjada contra ti prosperará” (Isaías 54:17). En el hebreo original, este versículo puede entenderse así: “Ningún plan, ningún instrumento de destrucción, ninguna artillería satánica podrá dominarte o derribarte, sino que será deshecha.”

Amados, seamos como Enoc y procuremos una relación íntima con Dios, para que nuestras vidas estén marcadas por su presencia y guiadas por su luz.