Sermons   David Wilkerson Today, Daily Devotions

¡UNA PENA DOBLE!

by David Wilkerson | February 3, 2012

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La primera parte de la “pena doble” de Dios se refiere a cuando nosotros pecamos en su presencia en contra de su luz y amor. El pecado por sí mismo no le afecta a Dios, pero sí el hecho de que Él conoce sus consecuencias. Dios sabe que nuestro pecado nos producen dolor y miseria.

La segunda parte de la “pena doble” de Dios se refiere a que nuestro pecado hace que Él tenga que cumplir Su Palabra sobre la necesidad de juzgarnos. Dios se para frente a nosotros como un padre amoroso y escucha nuestro clamor angustiante, al mismo tiempo que nos corrige -todo esto con el propósito de producir en nosotros un carácter santo.

En alguna ocasión yo tuve una profunda crisis. Calumnias fueron dichas acerca de mí y mientras éstas se esparcieron por algun tiempo, yo empecé a recordar la Palabra de Dios:

  • “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que dice mentiras perecerá.” (Proverbios19:9).
  • “El malo presta atención al labio inicuo y el mentiroso escucha la lengua detractora.”(17:4).

Después de un tiempo, yo clamé en desesperación: “¡Oh Dios, por cuánto tiempo permitirás que esta situación continúe! Las mentiras siguen cambiando. Ni siquiera sé de qué se tratan éstas ahora. Tú eres mi defensor, Señor, y tú dices que tomas la venganza de tu pueblo. Pero yo no veo que tú estés ejerciendo ninguna justicia.”

Mientras pensaba en todas las calumnias que venían en mi contra, recordé las batallas peleadas por otros pastores y siervos. Hasta la fecha, ellos son gente recta que ha soportado pruebas terribles, pues palabras malvadas han sido proclamadas en su contra.

“¿ Por qué Señor?” oré. ¿Por qué permites que tu pueblo se duela?”

El Señor me contestó, “David, yo soy misericordioso, piadoso y tardo para la ira porque me duele tener que ejercer mi justicia. Si tú pudieras sentir mi pena, tú, nunca, jamás, desearías ver mi juicio caer. Tú comprenderías por qué yo espero extensamente para ejercutarlo. Tú sabes cuán doloroso es disciplinar a tus hijos. Lo mismo sucede conmigo. Me duele corregir a quienes amo!”
 

VISLUMBRE DEL DOLOR DE DIOS

by David Wilkerson | February 2, 2012

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“Entonces Jehová dijo a Moisés: —Anda, desciende, porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido...se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios... —Yo he visto a este pueblo, que por cierto es un pueblo muy terco. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los consuma... (Éxodo 32:7-10).

“Entonces Moisés oró en presencia de Jehová, su Dios, y dijo: —¿Por qué, Jehová, se encenderá tu furor contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?...Vuélvete del ardor de tu ira y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo habría de hacer a su pueblo.” (versículos 11-14).

Al leer este pasaje, muchos cristianos erróneamente le atribuyen más gracia y misericordia a Moisés que a Dios. Ellos piensan, “Moisés está suplicándole a Dios tener una misericordia mayor sobre Israel mientras que Dios se encuentra listo para destruirlos.” Nada podría estar más lejos de la verdad. La única razón por la cual Moisés podía orar como lo hizo, fue porque él conocía el corazón misericordioso de Dios.

La justicia de Dios demandaba que la gente fuera consumida, pero Moisés sabía que Dios se dolería mucho al destruir a Sus hijos. Por lo tanto, él le suplicó a Dios, “Yo sé que tu justicia está clamando ser ejercida y que este pueblo terco debiera ser destruído. Pero también sé que tú no serás capaz de manejar el dolor provocado si lo destruyes. Dios, yo conozco tu corazón, y sé que tú no puedes destruir a Israel -porque le amas."

La Biblia dice que Dios se “arrepintió,” lo que significa que Él cambió su mente referente a cómo juzgar a Israel. Él no la iba a destruir, en su lugar, la gente sería echada al desierto. A pesar de que durante los siguientes treinta y ocho años Israel continuaría provocando dolor en el corazón de Dios por su incredulidad, Él aún los protegería, guiaría, alimentaría, vestiría hasta el día de su muerte.
 

¿CONTINUAREMOS EN PECADO?

by David Wilkerson | February 1, 2012

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Cuando Pablo enseñó la verdad de la justificación por la fe esto sacudió a la iglesia. Fue una noticia increíble en ese momento. De hecho, algunos teólogos respondieron: "Si soy perdonado, si Dios es tan misericordioso que me perdona gratuitamente solo por la fe, ¡déjame pecar aún más, para que Dios pueda disfrutar de darme más gracia!" Los teólogos no entendieron el Evangelio.

Debido a la cruz, Dios considera todo lo relacionado con nuestro viejo hombre en la carne eliminado. Pablo preguntó: "¿Continuaremos en pecado para que abunde la gracia?" (Romanos 6:1) y con rapidez continúa: "¡Por supuesto que no!" Yo creo que Pablo estaba diciendo, "¿Por qué podría un cristiano, después de haber sido liberado de tal muerte, volver atrás y revivir el cadáver? ¿Por qué volver a una vida de pecado, cuando Dios quiere quitar toda la culpa y la condenación y darle seguridad y paz? Ahora, debido a la cruz, puede servir al Señor con gozo y alegría y obedecerle en una nueva obligación llamada amor."

"Entonces", Usted se pregunta, "¿simplemente tomados por fe la justicia de Jesús?" ¡Sí, por supuesto! Eso es de lo que la vida cristiana se trata: descansar por fe en lo que Jesús hizo.

Nuestro viejo hombre ha muerto, y el nuevo hombre es Jesús. Cuando ponemos nuestra fe en Él, Dios nos acepta totalmente. Nos considera justos, escondidos en el regazo de su amado Hijo. Así que cada vez que peque o falle, corra rápidamente a su abogado, su Defensor; confiese sus faltas a Él y descanse en su justicia.

Usted puede preguntar: "¿No tienen las buenas obras cabida en esta doctrina?" Por supuesto que sí, pero con esta condición: Las buenas obras no pueden salvar, justificar o hacerle justo ni aceptable delante de Dios. ¡Lo único que salva es la fe en lo que Jesús hizo!
¿Qué hizo Jesús? Él lo salvó, lo perdonó y aceptó. Dios lo ve ahora solamente en Jesucristo y por eso tenemos que llegar a nuestro Salvador, cada vez que caemos. La sangre que nos perdonó y limpió la primera vez que vino a Jesús, es la misma sangre continúa manteniéndonos limpios hasta que Él vuelva.

Junto con esta seguridad viene una obligación mayor de hacer todas nuestras obras en su fuerza y poder en lugar de tratar de hacerlo por nuestra cuenta. "Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis" (Romanos 8:13).
 

SALVOS SOLO POR FE

by David Wilkerson | January 31, 2012

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Cuando recién llegamos a la fe en Cristo, confiamos en que nuestros pecados fueron perdonados. Creímos que fuimos aceptados, que podíamos dejar toda culpa y miedo y decir: "Soy salvo por la fe en lo que Jesús hizo por mí en la cruz."

Luego, a medida que avanzábamos en nuestro caminar con Jesús, cometimos nuevos actos de desobediencia, fuimos aplastados por nuestros pecados y rápidamente perdimos la visión de la cruz. Tratamos de trabajar por nuestra propia justicia para volver a ganar el favor de Dios, tratamos duro, pero la vida se convirtió en una pesadilla, un circulo sin fin de pecado y confesión - pecado y confesión.

A veces actuamos como si tratando duro por nuestra propia cuenta podríamos ser salvos. Pensamos que si pudiéramos reformar la carne por nosotros mismos, Dios se complacería. Pronto estamos trabajando constantemente en nuestro viejo hombre, dándole forma para un caminar cristiano victorioso.

Algunos cristianos pueden decir: "He pagado un alto precio por la victoria que he conseguido. Pasé por mucho dolor y sufrimiento. Yo ayunaba, oraba, y con éxito doblegué todas mis pasiones y deseos pecaminosos. ¿Todo mi esfuerzo por obedecer no vale nada para Dios? ¿Considera Él todo mi justicia, todo mi trabajo como trapos de inmundicia? "¡Sí! Es todo en la carne y nada de eso permanecerá delante de Él. ¡Sólo hay una justicia y es la justicia de Jesucristo!

"Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios" (Romanos 10:3).

La única manera de conseguir la buena gracia de Dios es admitir la verdad: "No hay ninguna cosa buena en mi carne, nada hay en mis buenas obras para merecer mi salvación. No puedo llegar a ser justo a través de ninguna cosa que haga en mi propia fuerza. Mi justicia esta solamente en Cristo", dice Pablo del don de la justicia: "…mucho más reinarán en vida por medio de un Hombre, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia." (Romanos 5:17)
 

LA HERENCIA

by David Wilkerson | January 30, 2012

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Pablo nos da una lista de aquellos que no heredarán el Reino de Dios:

"Ni los fornicarios, ni los idólatras, no los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:9-10).

Pero luego, el apóstol añade: "Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios." (Versículo 11).

¿Cómo estas personas que fueron salvadas de tan horribles pecados llegaron a ser justas delante de Dios? ¿Qué hicieron para no ser más malvados sino más bien, aceptados por Dios?

En primer lugar, Dios no hace acepción de personas; no es en absoluto impresionado por el título de una persona o sus honores en la tierra, ya sea un rey, una reina, un presidente o un primer ministro. Y en segundo lugar, Dios no es cautivado por ninguna bondad en nosotros: Largas oraciones, el ayuno, el diezmo, los estudios bíblicos, las buenas obras, nada de eso nos hace justos o aceptable delante de Dios. Incluso nuestra "bondad" en la carne: buen carácter, palabras, pensamientos y actos son un hedor a Su nariz si se utiliza como un alegato en favor de nuestra propia justicia.

Cuando Jesús fue a la cruz, Él crucificó nuestro "hombre viejo" de la carne. Sólo queda un hombre, uno sólo con quien Dios quiere tratar: su Hijo. Cuando Jesús terminó su obra en la tierra y se sentó a la diestra del Padre, Dios dijo: "A partir de ahora solo reconozco un hombre, el único hombre justo. Cualquier persona que viene a mí, debe venir a través de Él: a través de Mi Hijo. Todos los que quieran ser justos deben aceptar su justicia, ¡y ninguna otra!"

Somos aceptados en los ojos de Dios por la fe en Cristo y su obra: "nos hizo aceptos en el Amado" (Efesios 1:6).

¿Puede ver ahora lo importante que es permanecer en Jesús y venir a Él rápidamente cada vez que falla? Tiene que aprender a correr hacia Él, clamando, "¡Jesús, te he fallado! no puedo resolver esto. No importa lo que haga, nunca podré ser reconocido ante el Padre ¡a menos que vaya hacia Él en ti!"
 

ENCONTRANDO SU DESCANSO

by David Wilkerson | January 27, 2012

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"y hallarán descanso para su alma; porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana."(Mateo 11:29-30).

Sólo conozco una manera de entrar en el descanso del que Jesús está hablando. Si la comprende y se apropia de esta verdad, le llevará a la paz más gloriosa posible en este lado del cielo y terminarán todos los sentimientos de inseguridad.

Esta verdad fundamental sobre la cual todos las demás se construyen es la doctrina de la justificación por la fe. Es la doctrina que usted debe entender si tiene la esperanza de entrar en el descanso que Jesús ofrece.

Sólo puedo referirme a los aspectos más destacados de la magnífica verdad de ser justificados por la fe. Sin embargo, creo que Dios quiere guiar a su iglesia aun más hacia esta divina verdad para darnos la fuerza fundamental que nos mantenga en los próximos días.

Lamentablemente, cuando se menciona el tema de la doctrina, muchos cristianos hacen un gesto de desaprobación. Ellos dicen: "No quiero escuchar todas esas cosas profundas y pesadas. ¡Sólo denme a Jesús!" Sin embargo, lo que realmente quieren decir es:" No quiero disciplinarme a mí mismo o pasar tiempo aprendiendo lo que Jesús hizo en la cruz."

Demasiados cristianos llegan a involucrarse emocionalmente con la cruz, pero nunca la estudian. He oído a muchos predicadores entregar emocionales llamados acerca de Jesús y la cruz, los latigazos, la corona de espinas sobre su cabeza, los clavos atravesando sus manos. La predicación de la cruz es eso, pero mucho más, se trata de la victoria de la cruz y lo que hizo Jesús para toda la humanidad.

Para los que desean "aprender de Él", los que quieren entender el trabajo maravilloso de Jesús en el Calvario, voy a tratar de explicar este concepto de la justificación por la fe.

Hay dos cosas que están involucrados en nuestra justificación por la cruz de Jesucristo:

  • En primer lugar, tenemos el perdón de todos nuestros pecados. Cuando Jesús fue a la cruz, Su sangre nos perdonó de toda culpa.
  • En segundo lugar, somos aceptados por Dios como justos en Cristo, por la fe. Esto significa que Dios nos acepta por los méritos de lo que hizo Jesús en la cruz y no por nuestras obras o buenas acciones.

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica" (Romanos 8:33).
 

COMO CONVERTIRSE EN UN JUDÍO, UN CRISTIANO O UN COMUNISTA

by David Wilkerson | January 26, 2012

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"Pues es Judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios."(Romanos 2:29).

No todos los hombres nacen siendo Judíos.
No es un Judío quien sólo lo es en lo externo.
No es un Judío que niega al espíritu,
La tradición, el llamado de un Judío;
Sin embargo, es un Judío quien lo es interiormente
Por la fe, convirtiéndose en su corazón.
Este es el camino de toda la vida.
Un cristiano es alguien que recibe el espíritu de Cristo,
Por la fe, convirtiéndose de corazón.
Un comunista no tiene que llevar una tarjeta
Para serlo.
Puede negarle al mundo que es comunista,
Sin embargo, si por dentro abraza el espíritu,
La tradición, la vocación, de un comunista
Él es en lo interior.
Lo que un hombre es no puede determinarse
Por las palabras y las alabanzas de los hombres,
Sino por lo que Dios ve en el corazón.
Como un hombre piensa en su corazón,
¡Así es él!

JUSTIFICADO DELANTE DE DIOS

by David Wilkerson | January 25, 2012

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Imagínese parado delante del trono de Dios sin excusa ni coartada. Satanás, su adversario legal, se encuentra leyendo una lista de cargos en contra suya, con tiempos, lugares, y vegonzosos detalles. Él le hace acusaciones sobre su orgullo, falta de oración, avaricia, infidelidad. Ante todo esto, su corazón lo golpea pues tiene que admitir, “Sí, ese soy yo. Yo hice todo esto.”

Lo anterior parece desesperanzador. Usted sabe que los ojos de Dios son demasiado santos como para mirar su pecado y que la justicia de Dios demanda que usted pague por sus crímenes en contra de su santidad. Usted sabe que no cuenta con tal capacidad.

Pero de repente, viene a usted su Abogado, su Defensor. Él muestra sus manos perforadas y usted sabe que algo está por suceder. Él le sonríe y le susurra, “No tengas miedo; ninguno de estos cargos procederán. Tú vas a salir de esta corte libre y completamente perdonado. Cuando yo termine, ¡tu acusador no tendrá ningún cargo levantado en contra tuya!”

Lo mejor de todo es que su Abogado le dice a usted que Él lo ha adoptado como su hermano. Posteriormente, su Abogado le dice que Él es el Hijo del Juez, y por tanto, ¡usted ahora también pertenece a la familia del Juez!

Sin embargo, aún existe un asunto de justicia por abordar. ¿Qué pasará con los cargos en su contra? Usted escucha con maravilla la apelación de su Defensor sobre su caso:

"Juez, Usted sabe que he cumplido con la ley al vivir una vida sin pecado. Tomé el lugar de esta persona y adopté el castigo por sus crímenes. A través de estas manos y torso perforados, sangre fue deramada para que fueran perdonadas todas sus transgresiones. Todos estos cargos fueron puestos en mi espalda y yo pagué el castigo por cada uno de ellos.”

Su Abogado mira a su acusador y dice, “Satanás, no tienes ningún fundamento para acusar a mi hijo. Cada uno de sus pecados fueron depositados en mí y yo he perdonado por completo cada uno de ellos. Él no es culpable porque su fe en la victoria de mi sacrificio le da completo perdón. ¡No tienes ningún caso que presentar!”

Mientras el diablo sale de la corte de Dios, usted puede escuchar al Señor clamar: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” (Romanos 8:33).
 

APRENDED DE MI

by David Wilkerson | January 24, 2012

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Jesús dijo, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí...” (Mateo 11:28-29, RV1995). Aquí Cristo nos dice de manera directa: “¡No intentes caminar conmigo hasta que tu alma se encuentre en reposo!”

Si usted no cuenta con la maravillosa certeza de lo que la Palabra de Dios dice que Jesús hizo por usted, entonces Su yugo no será fácil o ligero. Por el contrario, usted pasará tiempo luchando en su carne para agradar a Dios. Usted irá de caliente a frío, viviendo con culpa y vergüenza innecesaria.

Yo creo que la clave de este versículo radica en las palabras, “aprended de mí.” Jesús está hablando aquí de la disciplina que debemos tener sobre aprender quién Él es y lo que Él consiguió en la cruz. Jesús nos está diciendo, “Tú debes tener conocimiento de lo que yo he hecho por tí. De esta manera tu alma entrará en reposo, podrás tomar mi yugo y, posteriormente, ¡aprenderás de mí.!”

Nosotros no queremos este tipo de disciplina. ¡Nosotros preferimos el camino fácil! Somos como niños en la hora del recreo escolar que no quieren regresar al salón de clases.

Tal vez hoy usted dice, “Yo estoy leyendo mi Biblia y orando un poco todos los días. ¡Estoy esforzándome por mejorar!” Todo esto está bien, pero le aseguro que lo que está haciendo no lo sustentará en la tormenta venidera. No es suficiente el intentar esforzadamente, el hacerle promesas a Dios, y el querer hacer las cosas de una mejor manera. Ni tampoco es suficiente decir, “Soy más diligente ahora que antes.” No, ¡todo se basa en la revelación de lo que Jesús hizo por usted en la cruz!”

Algo debe clamar dentro de todos nosotros: “Jesús, tu Palabra dice que yo puedo vivir en total reposo, paz y seguridad. Yo no tengo que luchar en mi carne o ser dominado por culpa y temor. Tú has puesto delante de mí la promesa de una vida en descanso pero no cuento con él. ¡Oh, Señor, yo anhelo con todo mi ser tu reposo! Enséñame a través de tu Espíritu -yo quiero aprender de tí.”
 

YO TE DARÉ REPOSO

by David Wilkerson | January 23, 2012

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Dios le ha prometido un glorioso reposo a su pueblo, un reposo que incluye paz y seguridad para nuestra alma. El Señor ofreció este maravilloso descanso al pueblo de Israel. Dicho descanso significa una vida abundante de gozo y victoria, sin temor, culpa o condenación. Hasta el tiempo de Jesús, ninguna generación de creyentes caminó completamente en esta bendita promesa. ¿A qué se debe esto? La Biblia deja muy claro que ello es resultado de la incredulidad. “Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.” (Hebreos 3:19).

Por su incredulidad, el pueblo de Dios - durante el periodo de reyes y profetas de la generación de David- experimentó una vida miserable, llena de dudas, temor y sin paz. En cada generación el reposo fue prometido pero éste fue rehusado -éste nunca fue adquirido ni comprendido.

De ahí que cuando leemos Hebreos 4, encontramos que esta gloriosa vida de fe aún no ha sido reclamada: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (versículo 9).También leemos que: “...puesto que falta que algunos entren en él. . ." (versículo 6). La Biblia amonesta a los creyentes del día de hoy con la siguiente advertencia: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.” (versículo 1). Miles y miles de creyentes sostienen que han sido llenados con el Espíritu de Dios, no obstante pocos han entrado en su promesa de reposo. Muchos son envueltos por vientos y olas doctrinales, conducidos por agitación y culpa, y sin seguridad en lo que Cristo Jesús dijo, “Yo te daré descanso pues mi yugo es fácil y ligera mi carga.” (ver Mateo 11:28-30).

Mi oración es que hoy usted entre en el reposo que Dios tiene para usted. ¡Tómelo por fe y recíbalo pues éste es un regalo gratuito de parte de Dios!
 

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